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lunes, 08 de agosto de 2016 8:58

Hoy la Tierra entra en “sobregiro”: Hemos gastado los recursos naturales de un año completo

El informe realizado por la WWF detalla que si todo el mundo viviera como los chilenos, sería necesario tener dos planetas y medio. Si bien los recursos del mundo se terminan este lunes, Chile sufrirá la misma situación el próximo 31 de octubre.
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SANTIAGO.- Esta mañana el Fondo Mundial para la naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) entregó un informe donde señala que la humanidad ya ha consumido los recursos naturales que debían alcanzar para todo un año, según la capacidad biológica de los ecosistemas para regenerar recursos en forma renovable y absorber los diferentes desechos generados por el hombre (biocapacidad). Esta información demuestra que la forma de vida actual de la población no mantiene consciencia de las limitaciones de los recursos actuales.

Según la medición, sería necesario tener 1,6 Tierras para el nivel de consumo de recursos que mantienen las personas. El director de WWF Chile, Ricardo Bosshard, comenta que la huella ecológica de la Tierra ha excedido su biocapacidad, cuando aún quedan más de cuatro meses para finalizar el año. “Este estudio, que ya hace muchos años que lo realiza la WWF, mide dos grandes factores: la huella ecológica y la biocapacidad, que es la capacidad del planeta para sostener a la humanidad”, explica, añadiendo que “nuestra huella ecológica es mayor a la biocapacidad de la Tierra. Con esto, le estamos robando (recursos) a las futuras generaciones”.

Tierra va a seguir existiendo, pero va a ser un desierto en que no todo el mundo va a contar con los recursos necesarios para vivir”. “Lo importante es que los gobiernos hagamos un esfuerzo, necesitamos un empujón para hacer los cambios necesarios en la forma de vida que lleva la humanidad. Si lográramos controlar las emisiones del ser humano rápidamente y hacer algunos ajustes importantes, podríamos llegar a la capacidad del planeta”, explica el experto. Entre los principales cambios necesarios en el mundo, Bosshard destaca que “lo primero es dónde vivimos y dónde trabajamos o van los niños al colegio, porque en el transporte hay muchas emisiones y emisiones que se pueden reducir fácilmente en ese recorrido”. “La humanidad puede llegar a vivir con menos de un planeta” si se realizan los cambios suficientes en la forma de vida de las personas, añade el director nacional de WWF. En esta medición, los países que más recursos han utilizado son Luxemburgo, con una huella ecológica de 11,8, seguido por Aruba con una medición de 11,9 mientras que en el tercer lugar queda Qatar con una huella de 10,8. En cuarto lugar llega Australia con una huella de 9,3 y Estados Unidos tiene una medición de 8,2. La situación de Chile Según el informe, si todas las personas vivieran de la forma en que lo hacen los chilenos, sería necesario tener dos planetas y medio para compensar el consumo de los recursos que se tiene en la actualidad. Sin embargo, Bosshard explica que no todo es negativo en esta medición y aclara que aún se está a tiempo para revertir la situación. “Chile es un país maravilloso, con una muy buena biocapacidad, pero nos pusimos unos derrochadores muy de repente”, lamenta el director en Chile de WWF. Bosshard comenta que el problema que afecta al país no es sólo la falta de iniciativas ecológicas o amigables con el medio ambiente, sino que existe un alto nivel de “comodidad” en la población que conlleva a no preocuparse de todos los detalles para cuidar el planeta y sus recursos naturales. “Ahora en cualquier ciudad grande de Chile tenemos alto tráfico vehicular en la mañana, y ojo que no hay nada de malo en tener un auto, pero lo estamos usando de una manera que no es eficiente”. La situación que afecta a todo el planeta este 8 de agosto, se replicará en Chile el próximo 31 de octubre, día en que el país habrá consumido todos los recursos que debían alcanzar para todo el año. Esta medición ha empeorado respecto a 2015, año en que el “sobregiro” de la Tierra llegó al país el 28 de noviembre. Para solucionar esto, Bosshard comenta que “tenemos que tener mucha más penetración de energías renovables, pero creo que vamos caminando. El proyecto de energía 2050 plantea que tengamos un 70% de energías renovable al año 2050”. “Yo quiero creer que sí tenemos tiempo, pero mientras más esperamos más difícil va a ser revertir la curva los márgenes de maniobra son cada vez menores. La idea de esto es abrir los ojos y decir que aún podemos hacer algo por la Tierra”, puntualiza.

Fuente: Emol.com – http://www.emol.com/noticias/Tecnologia/2016/08/08/816249/Hoy-la-Tierra-ha-consumido-todos-los-recursos-del-ano.html

El hambre es tan peligrosa como el cambio climático

Investigadores advierten sobre el riesgo de una crisis alimentaria en el planeta.

La humanidad enfrenta un panorama de problemas ambientales serios y sumamente interconectados, que incluyen desafíos de los que se habla mucho, como el cambio climático, así como la amenaza –igual de grave o más– para la supervivencia de organismos que sustentan nuestras vidas por ofrecer beneficios claves para el ecosistema, como la polinización de los cultivos y el control de pestes agrícolas.

Enfrentamos también otras muchas amenazas: la propagación de sustancias químicas sintéticas tóxicas en todo el mundo, grandes epidemias y una pronunciada caída de la calidad de los recursos minerales, el agua y los suelos, y de la accesibilidad a ellos. Las guerras por los recursos, además, ya están entre nosotros. Por ejemplo, si estallara una ‘pequeña’ disputa por los recursos nucleares entre India y Paquistán, esta confrontación podría suponer el fin de la civilización.

Sin embargo, creemos que la amenaza más seria para la sustentabilidad global en las próximas décadas será una sobre la que existe un consenso generalizado: la creciente dificultad de evitar hambrunas a gran escala. Como señala el Informe del Foro Económico Mundial del 2013, “la seguridad alimentaria global y la nutrición son preocupaciones mundiales importantes, en tanto nos preparamos para alimentar a una población creciente con una base de recursos que decrece, en una era de mayor volatilidad e incertidumbre”.

Cifras que asustan

De hecho, el informe destaca que “más de 870 millones de personas hoy sufren hambre y corren más riesgos como consecuencia de los fenómenos climáticos extremos y de las alzas de precios”. En consecuencia, “nunca se necesitaron con tanta urgencia medidas para mejorar la seguridad alimentaria”.

Pero todas estas advertencias subestiman el problema de los alimentos. Por ejemplo, las deficiencias de micronutrientes pueden afectar a otros 2.000 millones de personas. Y se minimizan otras muchas causas de vulnerabilidad: el potencial impacto de los trastornos climáticos en la agricultura y la pesca; cómo una alteración en el consumo de combustibles fósiles afectará la producción de alimentos; de qué manera la agricultura misma –un emisor importante de gases de tipo invernadero– acelera el cambio climático; y las consecuencias de un bombeo excesivo de agua subterránea y el deterioro progresivo de los suelos. De hecho, la agricultura también es una causa importante de pérdida de biodiversidad –y por ende una pérdida de servicios del ecosistema suministrados a la agricultura y a otras empresas humanas– así como una causa importante de toxicidad global.

Quizá más importante sea el hecho de que prácticamente todos los análisis suponen que la población humana tendrá 2.500 millones de personas más en el 2050, pero no se ocupan de buscar maneras para reducir esa cifra. El optimismo de muchos analistas respecto de nuestra capacidad para alimentar a toda esta población es bastante preocupante, considerando que millones de personas hoy mueren anualmente de hambre, y muchas más están desnutridas y tienen una vida degradada. Si fuera tan fácil alimentar a un 35 por ciento más de habitantes, ¿por qué toda nuestra población actual no está bien alimentada?

Se suelen recomendar cinco pasos para solucionar el problema de la crisis alimentaria: dejar de aumentar la superficie de tierra dedicada a la agricultura (para preservar los servicios naturales del ecosistema); aumentar el rendimiento de la tierra donde sea posible; incrementar la eficiencia de los fertilizantes, el agua y la energía; volverse más vegetariano; y reducir el desperdicio de alimentos. A esto se podría agregar dejar de devastar los océanos, incrementar significativamente la inversión en investigación y desarrollo agrícolas, y poner en la agenda de políticas globales el tema de una nutrición apropiada para todos como un asunto prioritario.

Todos estos pasos requieren cambios en el comportamiento humano que se vienen recomendando desde hace mucho tiempo. La mayoría de la gente no reconoce la creciente urgencia de adoptarlos porque no entiende el sistema agrícola y sus complejas conexiones no lineales (y desproporcionadas) con los mecanismos que generan el deterioro ambiental.

Los recursos necesarios para alimentar a cada persona adicional en el futuro provendrán de fuentes más escasas, más pobres y más distantes; se utilizará una cantidad desproporcionadamente mayor de energía y se generará una cantidad desproporcionadamente mayor de gases de tipo invernadero.

Más de un milenio de cambios en los patrones de temperatura y precipitaciones, todos ellos vitales para la producción de cultivos, pusieron al planeta en un camino que conduce a tormentas, sequías e inundaciones cada vez más severas. Por lo tanto, mantener –ya no expandir– la producción de alimentos se tornará una misión cada vez más difícil.

Se necesita un movimiento popular que oriente la conciencia cultural para que ofrezca la “inteligencia operativa” y la planificación agrícola, ambiental y demográfica que los mercados no pueden proporcionar. Recién entonces podríamos empezar a ocuparnos seriamente del desastre demográfico y considerar los beneficios nutricionales y sanitarios de poner fin humanamente al crecimiento de la población, mucho antes de que lleguemos a los 9.000 millones de habitantes.

La mejor manera, en nuestra opinión, de lograr una reducción de la población es otorgarles plenos derechos y oportunidades a las mujeres, y lograr que la anticoncepción moderna y el aborto postconceptivo estén al alcance de toda la población sexualmente activa.

Aunque el impacto de estas medidas en la reducción de las tasas totales de fertilidad es una cuestión polémica, está claro que su implementación ofrecería beneficios sociales y económicos importantes, ya que permitiría que existan enormes reservorios de poder cerebral fresco para resolver nuestros problemas, a la vez que se salvarían cientos de miles de vidas al reducirse la cantidad de abortos inseguros.

Con escasa probabilidad

¿La humanidad puede evitar un colapso generado por el hambre? Sí, aunque las probabilidades de éxito hoy son de apenas el 10 por ciento. Por más absurdo que parezca, creemos que, por el bien de las generaciones futuras, vale la pena luchar para que suban al 11 por ciento.

Uno de nuestros más distinguidos colegas, el biogeógrafo y experto en energía James Brown, de la Universidad de Nuevo México, no concuerda. Él dice que las probabilidades de sustentar la civilización humana son de alrededor del 1 por ciento, pero piensa que vale la pena llevarlas al 1,1 por ciento.

Desarrollar inteligencia operativa y movilizar a la sociedad civil en pos de la sustentabilidad son objetivos centrales de la Alianza del Milenio para la Humanidad y la Biósfera (MAHB, por su sigla en inglés), con sede en la Universidad de Stanford. Quienes adhieren a la MAHB se suman a lo mejor de la sociedad civil en la lucha para evitar el fin de la civilización.

PAUL R. EHRLICH
Profesor de estudios de población del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Stanford.

ANNE H. EHRLICH
Directora asociada y coordinadora de políticas del Centro para la Biología de la Conservación, de la misma universidad.

© Project Syndicate

Publicación
eltiempo.com
Sección
Salud
Fecha de publicación
4 de marzo de 2013
Autor
PAUL R. EHRLICH Y ANNE H. EHRLICH
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